miércoles, 16 de marzo de 2011

Aquellas pequeñas cosas

Decía el gran Serrat que “Son aquellas pequeñas cosas, que nos dejó un tiempo de rosas en un rincón, en un papel o en un cajón”, cuanta razón llevaba…… Esas pequeñas (y a la vez tan grandes) cosas no siempre las tenemos presentes, pero por una casualidad del destino o el azar, en ciertas ocasiones nos vuelven a la cabeza para dibujarnos una sonrisa en la cara que nos dura todo el día.


Pues bien, hoy me ha ocurrido una de esas cosas y me han invadido un conjuntos de recuerdos (a cual mas bueno) que me tienen en un estado de bienestar que durará lo que tenga que durar, pero que como suelen decir “que me quiten lo bailao”.


Salía yo de la playa en compañía de mis mas mejores colegas con un cansancio considerable ocasionado por el amago de partidillo que habíamos jugado en la orilla, en el que como era evidente y para seguir con la tradición veraniega he acabado rebozado en arena, cuando me he cruzado con una pareja y un niño, a primera vista no les había echado muchas cuentas pero al pasar tras ellos, una vocecilla entrecortada llegaba a mis oídos: “mira mama, mi profesor”. Por un momento me quede quieto para después mirar y descubrir tras la mujer a un pequeño que recordaba de mis prácticas en el colegio. La verdad es que el niño no pertenecía a la clase en la que estuve cerca de 4 meses, pero era del otro curso de tres años con los que también pase bastante tiempo e incluso algunas sesiones de las que impartí (mejor o peor) eran conjuntas con ambas clases (es decir, yo solo ante unos 50 niños de entre 3 y 4 años……… tela).


La cuestión es que ese simple detalle me ha hecho recordar aquella breve pero intensa etapa de maestro en practicas, y por mas mal que acabara y que ciertos aspectos posteriores a mi estancia allí y para nada relacionado con los niños, me hubieran hecho pasar una de las peores semanas en mucho tiempo, los recuerdos que me venían siempre estaban relacionados con lo verdaderamente importante (en mi opinión) de la etapa de prácticas de un maestro y de su correspondiente futuro profesional: los alumnos.

  
Es posible que después de esto pierda mi fama de hombre duro y sin sentimientos, pero……… como echo de menos esos ratos que pasaba entre pequeñajos: ese carrusel de chaquetones dos veces al día, esas flores hechas con piezas, esa fila de zumos para abrir, esos abrazos sin motivo que contrarrestaban ciertas actitudes “de los mayores”, ese Nemo ……… ¿cuantas veces habré visto a Nemo en ese tiempo? 


Podría seguir hasta Octubre enumerando cosas que echo de menos de esa época, pero tampoco quiero ponerme demasiado “moñas” (aunque me parece que ya es un poco tarde para eso) y tampoco quiero alargarme mucho mas, un saludo.

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